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La radio comarcal sigue siendo la plaza

Para un festival de villa, cinco minutos en la radio local el viernes valen más que una nota enviada a veinte redacciones de ciudad que no van a desplazarse.

Micrófono de estudio de radio

En Vilariño De Conso y en villas parecidas, la radio se oye en el taller, en el coche y en la cocina. El festival de gaitas o el ciclo de cine al fresco se enteran por ahí, no por una newsletter. Ignorar esa plaza es un error de mapa, no de presupuesto.

Preparar al director artístico para cinco minutos en antena es un oficio: una anécdota del ensayo, un horario preciso, un nombre de vecino que colabora, y evitar el listado de patrocinadores leído como un teletipo.

Llevamos a estudio una ficha con tres cortes posibles si hay conexión mala: el dato de taquilla, el de accesibilidad (sillas, pendiente, idioma de la función) y el de la actividad gratuita para quienes no compran abono.

Una nota enviada solo a diarios de Madrid sobre un festival de 800 espectadores suele quedar sin respuesta. Eso no significa que el trabajo de gabinete sea inútil: significa que el primer círculo es la comarca, la agenda de la diputación y las emisoras que sí cubren la inauguración con magnetófono.

Después, si el programa tiene una coproducción o un artista con trayectoria estatal, llega la segunda oleada. Invertir el orden —primero las cabeceras grandes, después el pueblo— deja al vecino sin información y al periodista de ciudad sin contexto local.

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