Cuaderno
La visita de medios en una sala que aún huele a pintura
Montar una visita de prensa el mismo día que se cuelgan las últimas piezas exige un protocolo corto, no un photocall.
Cuaderno
Montar una visita de prensa el mismo día que se cuelgan las últimas piezas exige un protocolo corto, no un photocall.
En salas municipales el montaje termina a menudo la mañana de la inauguración. Convocar a la prensa a las once y abrir al público a las doce deja una hora. Si en esa hora se pretende un discurso institucional, un recorrido y fotografías de grupo, no queda tiempo para mirar la obra.
Preferimos una visita de cuarenta minutos: diez de contexto con el comisariado frente a una pieza, veinte de recorrido libre, diez de preguntas en un rincón sin andamios. El alcalde, si acude, habla en la inauguración de la tarde, no en la visita de la mañana.
Los pies de foto se entregan impresos y en un archivo, con autor de la obra, año y crédito fotográfico. En una exposición de fotografía contemporánea en Ourense vimos cómo un diario usó una imagen de montaje —cables a la vista— porque nadie había marcado las tomas autorizadas. El artista tardó una semana en enterarse.
Si el pintor o la escultora no quieren entrevistas, se dice en la convocatoria. Inventar una «disponibilidad a pie de sala» genera malestar y recortes vacíos. Hay artistas que prefieren un texto escrito; lo enviamos como declaración, no como entrevista fingida.
La sala pequeña no necesita un photocall. Necesita sillas para quien toma notas, luz suficiente y alguien de producción que sepa qué paredes aún no se pueden tocar. Eso es gabinete de exposiciones, no atrezo.