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FP Fabric Portcore

Los créditos de coproducción no son letra pequeña

Un programa de mano que olvida a un coproductor o cambia el orden de los logos genera conflictos que el gabinete no puede resolver con una disculpa tardía.

Público sentado en una conferencia o encuentro cultural

Las coproducciones entre un teatro gallego, un festival portugués y una compañía de Madrid traen cláusulas de crédito. El programa de mano es un documento, no un adorno. Si el orden de los logos está pactado, se respeta; si hay dos versiones del nombre de la compañía, se pregunta, no se elige la más corta.

En difusión editorial el error se multiplica: la misma ficha viaja al boletín, a la web y a la agenda impresa. Corregir después implica tres cierres distintos. Por eso pedimos la hoja de créditos firmada por producción antes de la primera oleada.

Hay casos delicados: un artista que firma con seudónimo en escena y con nombre legal en la factura; un archivo fotográfico con derechos de un museo extranjero; un texto de sala traducido del gallego al castellano donde un término de danza cambia de sentido. Nada de eso se resuelve con un eslogan.

Recomendamos una pasada conjunta: producción lee nombres y NIF de entidades; redacción lee fluidez y horarios; dirección artística lee si el relato del espectáculo sigue siendo el suyo. Dura una hora. Evita un mes de correos.

Cuando el error ya está impreso, la fe de erratas se coloca en taquilla y en la primera fila de la web, con la misma jerarquía que el error. Esconderla en un pie de página es una forma de repetirlo.

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